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Alexander
Graham
Bell
(1847-1922)
debe
su
fama
al
invento
del
teléfono
y
a
sus
estudios
para
limitar
los
efectos
de
la
sordera.
Alexander
Graham
Bell
nació
en
Edinburgo,
Escocia
en
1847
y
su
formación
transcurrió
dentro
del
seno
de
una
familia
de
logopedas.
[la
logopedia
estudia
los
trastornos
de
la
comunicación
humana,
ya
sean
trastornos
del
habla
o
del
lenguaje].
Tanto
su
abuelo
como
su
padre
fueron
especialistas
en
esa
materia
y
con
el
tiempo
él
mismo
decidió
continuar
esa
tradición
familiar
para
enseñar
a
hablar
correctamente
a
las
personas.
Estudió
en
la
Royal
High
School
de
su
ciudad
natal
y
en
la
University
College
de
Londres,
aunque
la
mayor
parte
de
su
formación
la
realizó
de
forma
autodidacta.
En
1868
comenzó
a
desempeñarse
como
asistente
de
su
padre
en
Londres,
antes
que
éste
se
trasladara
a
vivir
a
América.
La
pérdida
de
dos
de
sus
hermanos
enfermos
de
tuberculosis,
incidió
tanto
en
la
salud
como
en
el
ánimo
de
Bell
que
en
1870
resolvió
trasladarse
él
también
a
América.
Allí
se
estableció
con
su
familia
en
Brantford,
Canadá
y
al
año
siguiente
se
fue
a
vivir
a
Boston,
Estados
Unidos
de
América.
Al
igual
que
su
padre,
durante
toda
su
vida
Bell
se
interesó
en
perfeccionar
los
sistemas
de
educación
para
sordos,
por
lo
que
su
actividad
principal
estuvo
orientada,
desde
un
principio,
a
conocer
el
sistema
de
aprendizaje
destinado
a
personas
con
deficiencia
auditiva
creado
por
su
padre.
En
principio
su
idea
era
construir
un
aparato
que
fuera
capaz
de
imitar
la
voz
humana
y
reproducir
las
vocales
y
consonantes.
Para
ello
contaba
con
la
cooperación
de
su
ayudante,
el
joven
mecánico
Thomas
Watson
y
el
respaldo
económico
de
los
padres
de
Mabel
Hubbard,
que
posteriormente
se
convirtió
en
su
esposa.
Teléfono
desarrollado
por
Graham
Bell
Los
resultados
de
sus
experimentos
concluyeron
con
la
invención
del
teléfono
en
1876.
Este
dispositivo
traspasó
rápidamente
las
fronteras
de
los
Estados
Unidos
de
Norteamérica
y
un
año
después
se
dio
a
conocer
en
Europa.
En
1878
Bell
inauguró
la
primera
central
telefónica
en
New
Haven,
Connecticut,
Estados
Unidos
y
en
1884
se
efectuó
la
primera
comunicación
de
larga
distancia
dentro
de
ese
país
entre
las
ciudades
de
Boston,
Massachussets
y
New
York.
Alexander
Graham
Bell
falleció
en
Baddeck,
Canadá,
el
2
de
agosto
de
1922,
dejando
18
patentes
de
inventos
realizados
por
él.
Desde
su
invención,
el
teléfono
se
convirtió
en
un
dispositivo
prácticamente
indispensable
para
el
desarrollo
de
la
civilización.
Aunque
Bell
tuvo
plena
conciencia
de
lo
que
significaba
el
teléfono
para
la
humanidad,
seguramente
nunca
imaginó
que
un
siglo
después
a
través
de
una
línea
telefónica
se
pudiera
transmitir
no
sólo
sonidos,
sino
también
datos
e
imágenes.
Tampoco
pudo
imaginar
que
un
día
se
pudiera
llevar
un
teléfono
en
el
bolsillo,
ni
que,
finalmente,
tal
como
había
sido
su
propósito,
personas
sordas
o
mudas
pudieran
comunicarse
entre
sí
o
con
otras
personas
a
través
de
un
sistema
telefónico
y
una
pantalla
diseñada
especialmente
para
ellos.
Alguien
más
patentó
el
invento
del
teléfono
En
1849,
veintisiete
años
antes
que
Bell
patentara
su
teléfono,
el
italiano
Antonio
Meucci,
trabajador
del
Teatro
Tacón,
de
La
Habana,
Cuba,
había
inventado
un
aparato
telefónico
que
no
pudo
patentar
antes
que
el
desarrollado
por
Bell,
por
no
haber
podido
disponer
de
recursos
económicos
que
se
requerían
para
ello.
El
15
de
junio
de
2002
la
Cámara
de
Representantes
de
los
Estados
Unidos
de
América
reconoció
a
Antonio
Meucci
como
el
inventor
del
teléfono
en
oposición
a
Bell
ante
las
irrefutables
pruebas
presentadas
por
el
congresista
italo-norteamericano
Vito
Fossella.
Meucci
murió
en
la
miseria
en
el
año
1889
tras
un
continuo
desgaste
reclamando
el
reconocimiento
de
su
invento.
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