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Luego
de una larga espera
de 16 años
se produjo lo que
todos esperabamos:
que los bloques
gigantes de hielo
se desprendieran
y cayeran sobre
las aguas del Lago
Argentino. Se trata,
al fin, de un espectáculo
tan maravilloso
como infrecuente:
el quiebre y la
ruptura del glaciar
Perito Moreno,
la octava maravilla
del mundo.
Miles
de personas se preparaban
para pasar la noche
en el lugar, con
carpas. No es una
locura: la fiesta
del glaciar, es
un fenómeno
natural único
en el mundo, y al
estar bajo la amenaza
de los cambios de
clima, no se sabe
cuando va a volver
a ocurrir. La ruptura,
que antes se producía
cada cuatro o cinco
años sin
falta, ahora se
hace cada vez más
espaciada en la
medida que el gigante
de hielo también
ha disminuido su
crecimiento a causa
del calentamiento
global. Los desmoronamientos
de grandes trozos
del glaciar se producen
en forma constante,
pero la caída
de paredes de hielo
de las dimensiones
vistas en los últimos
días es un
fenómeno
poco común.
El glaciar Perito
Moreno está
ubicado en el Parque
Nacional Los Glaciares,
a 70 kilómetros
de la villa turística
de El Calafate y
a 320 kilómetros
de Río Gallegos,
en el sudoeste de
la provincia de
Santa Cruz.
Este glaciar tiene
257 kilómetros
cuadrados de superficie,
30 de longitud y
4 de ancho y fue
declarado por la
UNESCO Patrimonio
Natural de la Humanidad
en 1981.
El proceso de quiebre
y desmoronamiento
empieza cuando el
glaciar avanza sobre
la península
Magallanes, en el
Lago Argentino,
corta el Canal de
los Témpanos
y forma un dique
natural que hace
que el Brazo Rico
quede encerrado
y no pueda desaguar
al río Santa
Cruz como el resto
del lago.
Así,
el agua sube de
nivel, presiona
las paredes del
Glaciar y las erosiona.
Esto va creando
filtraciones, que
perforan el hielo
hasta formar un
túnel. Ese
túnel luego
se viene abajo,
en un quiebre que
no es más
que la ruptura propiamente
dicha, hasta nivelar
de ambos lados el
espejo de agua.
Este es el momento
más esperado
por los turistas
y científicos,
porque cuando el
techo del túnel
se cae produce un
enorme estruendo.
Fuente:
Clarín
- La Nación
- DERF
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