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Las
ballenas francas visitan
la Península
de Valdés entre
mayo y diciembre de
cada año y
son recibidas por
las gaviotas cocineras
a los picotazos. ¿Por
qué las atacan?
les picotean los lomos
para alimentarse de
su piel y de su grasa.
Así es como
especialistas del
Instituto de Conservación
de la Ballena (ICB)
que dedican su trabajo
a la protección
de los cetáceos,
han comprobado que
la mayoría
de ellas pasa gran
parte de su día
protegiéndose
de estos ataques.
Pero lo que más
preocupa a los especialistas
es que afectan en
mayor medida a las
ballenas con crías,
ya que deben sumergirse
rápidamente
para escapar de las
gaviotas a velocidades
que no son comunes
en ellas, gastando
mucha energía,
en vez de estar descansando
y amamantando a sus
ballenatos.
Además el problema
es que durante su
estadía en
la Península
de Valdés,
las ballenas no se
alimentan, sino que
viven a expensas de
la grasa que han podido
acumular dentro de
sus cuerpos.
La mala convivencia
entre ballenas francas
y gaviotas cocineras
parecen ser el resultado
del crecimiento desmedido
que ha experimentado
la población
de aves de Península
Valdés, como
resultado de la gran
oferta de alimento
que genera la industria
pesquera local y el
mal manejo de los
residuos urbanos de
la zona.
Se estima que en Península
Valdés viven
30.000 gaviotas y
poco más de
3700 ballenas.
El Instituto de Conservación
de la Ballena junto
con la Fundación
Patagonia Natural
y la Fundación
Ecocentro propone
un plan de acción
para optimizar el
manejo de los residuos
pesqueros y urbanos
de la zona, a fin
de reducir el acceso
de alimento a las
gaviotas.
Así, proponen
los conservacionistas,
se podrá poner
un freno al crecimiento
desmedido de la población
de aves que amenaza
a sus vecinas, las
ballenas.
Probablemente, al
reducirse la disponibilidad
de alimento, las gaviotas
intensifiquen sus
ataques contra las
ballenas, reconoció
uno de los conservacionistas.
Pero a mediano plazo
la medida permitirá
controlar el crecimiento
de la población
de aves.
Fuente:
La Nación on
line
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