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Algún
tipo de amenaza, o varias al mismo
tiempo, acorralan a 476 especies,
según datos de la Unión
Mundial por la Naturaleza (IUCN).
Los cambios en los ecosistemas,
la agricultura, la caza y la pesca
son sus principales enemigos.
Bajo la categoría "Peligro
crítico", aquellos que
corren "un riesgo extremadamente
alto de extinción en el futuro
inmediato", están la
chinchilla de cola corta, el pajarito
llamado chorlo polar, el bellísimo
guacamayo violáceo, y una
especie de atún.
En "peligro", no tan críticamente
amenazado pero aún bajo un
alto riesgo de extinción
en un futuro cercano, no inmediato,
están el armadillo, la ballena
azul, la nutria de mar, el tatú
carreta, el cardenal amarillo, el
lince, el huemul.
Con alto riesgo de extinción
a mediano plazo, el águila
de Azara o el ratón de Chaco.
De "Bajo riesgo", la ballena
franca y el delfín manchado.
Claudio Bertonatti, museólogo
y naturalista, de la Fundación
Vida Silvestre, comenta: "Desgraciadamente,
ya no hay que hablar de especies
amenazadas, sino de ecosistemas
y hasta de regiones amenazadas.
El riesgo no es sólo para
los protagonistas de un lugar, sino
para los lugares enteros"..
Pone
como ejemplo el caso del huemul,
una especie que desaparece a causa
de más de una razón:
la caza furtiva, incendios forestales,
jaurías de perros que atacan
a los pocos que quedan, entre otras
razones.
En
la actualidad, una de las más
grandes amenazas para las especies
y los ecosistemas es la expansión
de tierras para la agricultura.
Greenpace explica que muchas especies
argentinas son altamente amenazadas
por la excesiva cantidad de tierras
destinadas al cultivo de la soja,
para lo cual también se han
destinado tierras que no estaban
previstas para cultivo.
En este sentido, todos los especialistas
coinciden en que deberían
ordenarse las áreas y definirlas
por: áreas para uso agrícola,
áreas de explotación
forestal y áreas protegidas.
Fuente:
Clarín I La Nación
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